Anticristo | Prólogo

Fotogramas Dorados VI

La suma de película polémica y director controvertido suele dar como resultado un film de culto en cuanto a la disparidad de pasiones que despierta, logrando ser odiado por muchos y alabado por otros tantos (entre los que me incluyo en esta ocasión). Anticristo es una de estas cintas aunque con una salvedad, y es que su primer capítulo o ‘Prólogo’, se ha destacado como una parte del film elogiada por todos.

Lars von Trier nos presenta una película con un estilo más que reconocible: trama de alto contenido psicológico; temáticas que oscilan de forma obsesiva entre el placer y el dolor; la mujer como centro de la historia y objeto de la culpa, la naturaleza como algo oscuro, caótico y salvaje; potente visualmente, planos a cámara superlenta, cuidada fotografía, iluminación y estética…

Los instantes de metraje que ocupan los Fotogramas Dorados VI suponen los primeros cinco minutos del film. Sin diálogos, con ‘Lascia ch’io pianga’ de Händel como único fondo acústico, en blanco y negro y a cámara lenta se muestra una escena que volveremos a degustar en forma de déjà vu en ‘Nymphomaniac’ (von Trier, 2013).

anticristo

En el interior de su casa los protagonistas, interpretados por Willem Dafoe y Charlotte Gainsbourg, hacen el amor de forma apasionada y despreocupada en distintas estancias del apartamento. Mientras tanto, su hijo de apenas un año está aún despierto en su habitación. Fuera, en la calle, nieva y las ventanas del cuarto del pequeño se abren por causa del viento; éste, atraído por la dinámica y luminosa naturaleza que atraviesa su vidriera, se aventura a salir de su cuna e intentar acceder a la ventana, la cual alcanza y acaba sobrepasando desgraciadamente ante la mirada culpable de su madre.

Este acontecimiento precipita la acción que se desarrolla a continuación, la traumática pérdida sirve de punto de partida para los siguientes capítulos del film que relatan la culpabilidad de la madre, y de las mujeres en general.

Deja que llore mi suerte cruel y que añore la libertad. El dolor infringe este sesgo de mi martirio solo por piedad.” Reza el aria de Händel.

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