Barry Lyndon | Mágica seducción

Fotogramas Dorados IV

‘Barry Lyndon’ (1975) no es una película cualquiera. Es la quintaesencia del cine como arte. Todos los elementos que la sitúan en este elevado escalón son ‘culpa’ de la obsesión de Stanley Kubrick, un director perfeccionista hasta el último detalle y que plasmó su faceta más bella y artística con este trabajo.

La película narra las desventuras de Barry Lyndon, un joven irlandés que emigra de su casa tras un duelo, y que llevará desde entonces una vida errante y llena de aventuras. Un personaje ambicioso y sin escrúpulos cuyo principal objetivo es alcanzar una elevada posición social. Concretamente la escena que nos ocupa sirve de punto de inflexión para que Barry empiece a cumplir sus deseos; a la vez que nos vale de resumen para mostrar las características del film:

El ritmo lento y potenciador de la excelsa fotografía nos deleita al mantener cada plano inmóvil durante unos segundos, llevando al espectador a contemplar cada toma como el cuadro central de cualquier galería de arte.

Unas interpretaciones, la de los actores, que retratan sus personajes a la perfección. Centrándonos en el protagonista, Barry (Ryan O’Neal), poseedor de un semblante carente de expresión; con una latente dualidad en su personalidad, por un lado capaz de amar y por otro de hacer desdichados a todos aquellos que le rodean; y su misterioso atractivo que seduce a los demás personajes (y espectadores).

Barry Lyndon

Lady Honoria Lyndon (Marisa Berenson) es la otra protagonista de los fotogramas dorados, en los que vemos su primer encuentro con Barry y que desencadenarán la relación entre ambos. Causa de ello, Lady Lyndon se convertirá en la principal sufridora de la egoísta personalidad de Barry. En la escena vemos una seducción mágica, en la que no hay palabras, solo miradas, sentimientos y atracción.

La inigualable ambientación de la película fue conseguida por Kubrick con detalles técnicos como la inexistencia de luz artificial en algunas de las escenas, provocando así un realismo total en las secuencias de interior, únicamente iluminadas por velas, y que le llevó a tener que pedir prestado a la NASA algunos de los objetivos usados para las cámaras del rodaje. Muestra de todo lo expuesto es la escena que les dejamos a continuación, y que ocupan la entrega de Fotogramas Dorados IV.

Antes un dato, y es que ‘Barry Lyndon’ logró cuatro premios Oscar: fotografía, dirección artística, BSO y vestuario. Cómo empezábamos diciendo, la película es puro arte del siglo XVIII.

Deja un comentario.

Tu dirección de correo no será publicada.

*



footer