Cineclub | ‘Cenizas y diamantes’ (1958)

Polonia, mon amour

Polonia, 1958. Título original: Popiól I Diament. Director: Andrzej Wajda. Guión: Andrzej Wajda, Jerzy Andrzejewski. Fotografía: Jerzy Wojcik. Música: Filip Nowak. Reparto: Zbigniew Cybulski, Ewa Krzyzewska, Adam Pawlikowski, Bogumil Kobiela. Productora: Grupo Kadr/Film Polski.


Basada en la novela homónima escrita por Jerzy Andrzejewski una década antes (1948), asistimos al film que supone la tercera entrega de la trilogía de la guerra dirigida por Andrzej Wajda, sirviendo de broche final a sus predecesoras: ‘Generación’ (1955) y ‘Canal’ (1957).

En Polonia, apenas concluida la Segunda Guerra Mundial, la situación política y social es caótica. El idealismo cede el paso a diversas formas de anarquía y extremismo. Maciek (Zbigniew Cybulski), un joven que milita en un grupo ultranacionalista, recibe el encargo de asesinar a un importante comunista; pero, cuando el joven encuentra el amor, en pocas horas sus certezas se pulverizan.

En la aparente simpleza del planteamiento inicial así como en su desarrollo a lo largo de un mismo día, el 8 de mayo de 1945, y poco más que un hotel como único escenario, reside parte de la grandeza que encontramos tanto en la forma como en el fondo de la obra de Wajda.

Al principio todo parece fácil para Maciek (Cybulski) y Andrzej (Adam Pawlikowski), pertenecientes al Ejercito Nacional, o Armia Krajowa: les basta con eliminar a Szczuka, un alto cargo comunista que va a asistir a una fiesta en honor al nombramiento de un ministro menor del nuevo régimen polaco; pero los protagonistas fallan, matando en su lugar a dos trabajadores de una fábrica. Al enterarse de su error, Maciek busca redimirse y terminar la misión, para lo que consigue una habitación en el Hotel Monopol, lugar de hospedaje de Szczuka y donde se desarrollará la celebración del nombramiento, trasladando el resto de acción del film a las distintas estancias de dicho espacio.

Cenizas y diamantes 03

Es en el bar del hotel donde se enreda todo para Maciek al conocer a la bella camarera Krystyna (Ewa Krzyzewska), abriéndose en él un debate interno entre sus creencias políticas y el recién conocido amor, y reflejando la batalla entre el libre pensamiento individual y las obligaciones de los ideales colectivos.

Con la magnífica interpretación de Zbigniew Cybulski, esta película entregó al mundo del cine una nueva figura que colocar en la estantería de los James Dean y Jean-Paul Belmondo. El actor polaco, fallecido a los 39 años en un accidente de tren, maravilló a todos con la naturalidad de su actuación y la rebeldía y desesperación de su personaje, logrando escenas que anteceden a títulos de la Nouvelle vague como ‘Hiroshima, mon amour’ (Resnais, 1959) o ‘Al final de la escapada’ (Godard, 1960).

El potencial visual de las barrocas imágenes y la utilización de ciertos iconos en algunos planos (como el cristo de la primera imagen) cargan de simbología a la forma del film, consiguiendo un genial cóctel con la estupenda fotografía en blanco y negro que juega con las luces y las sombras para crear espacios únicos, llenos de nostalgia, desolación y desamparo. Todo un triunfo del estilo de Wajda.

Cenizas y diamantes 02

El título de la película, y del libro de Andrzejewski, proviene de un poema de Cyprian Norwid:

Como una antorcha incandescente que arde
esparces a tu alrededor centellas crepitantes.
¿Sabes, al menos, si ardiendo eres más libre
o si aceleras el desastre de todo lo que fue tuyo?
¿Si sólo quedará de ti un puñado de ceniza
dispersado por la tempestad, o si se hallará
en lo más profundo de las cenizas un diamante estrellado
promesa y prueba de victoria eterna?

El mensaje que plantea Wajda se ve reflejado en esta cita de la que brota toda la problemática y la disyuntiva de si a veces la lucha por un ideal colectivo traerá lo que buscamos o quizás nos aleje de ello para siempre; de si nuestras convicciones, a priori inamovibles, nos conducen a lo que realmente perseguimos, o tendremos que buscar un diamante entre la ceniza de todo lo que quemamos al pretenderlo. Obra clave del cine polaco de los años 50 y consagración de su director, Andrzej Wajda, considerado uno de los más importantes de la Escuela Polaca de Cine.

| Rafa Fleming★★|

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