Cineclub | ‘Le quattro volte’ (2010)

El ciclo de la vida

Italia-Alemania-Suiza, 2010. Título original: Le quattro volte. Director: Michelangelo Frammartino. Guión: Michelangelo Frammartino. Fotografía: Andrea Locatelli. Música: Paolo Benvenuti. Reparto: Giuseppe Fuda, Bruno Timpano, Nazareno Timpano.


A través de la iniciativa Prisma Siglo XXI de nuestros compañeros de Cinema Ad Hoc, conocimos esta fantástica y peculiar cinta. Rodada en un estilo casi documental, sin diálogos e invitando al espectador a la mera observación de la naturaleza por medio de ‘personajes’ tan variopintos como un anciano, un rebaño de cabras y un árbol cualquiera de un frondoso bosque de Calabria.

Su director, Michelangelo Frammartino, nos presenta un film poético, armonioso y lleno de belleza a través del cual podremos descubrir los eternos ciclos de la vida. El escenario es un pueblo de Calabria (Italia) encaramado en unas altas colinas desde las cuales se divisa a lo lejos el mar Jónico, un lugar donde el tiempo parece haberse detenido, y donde se puede aún respirar la serenidad del puro y fresco viento. Aquí pasa sus últimos días un viejo pastor (Giuseppe Fuda), el cual encuentra en el polvo recogido de la iglesia el remedio a sus dolencias.

La película, alejada de toda connotación del cine comercial, transporta al público a un mundo desconocido y mágico para nuestros sentidos ya atrofiados por lo distinto de nuestro modo de vida contemporáneo, llevándonos así a descubrir la esencia de cuatro vidas misteriosamente entrelazadas por la naturaleza, la cultura y, en definitiva, la vida.

El título y la realidad que presenta el film hacen referencia al concepto de Pitágoras por el cual hay cuatro vidas en cada ser: mineral, animal, vegetal y humana. El eterno retorno de la materia, o la energía, que nunca se destruye y solo se transforma.

Le quattro volte 02

El profundo poso que deja en el público la pitagórica idea de la trama es, junto con la preciosa fotografía lograda por Andrea Locatelli, la principal bondad que posee el film, lleno también de matices irónicos, humorísticos y, sobre todo, emotivos.

Un escueto telón musical de fondo y los detallados sonidos naturales son los únicos acompañantes del espectador a la hora de enfrentarse a la película. La interpretación de los hechos se hace esencial, y para ello hay que buscar un momento de serenidad y paciencia en su visionado, una ocasión donde contemos con la inspiración de una mirada abierta, atenta y sensible, logrando así degustar la cinta como se merece.

| Rafa Fleming★★★ |

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