Cineclub | ‘Milagro en Milán’ (1951)

El neorrealismo deseado

Italia, 1951. Título original: Miracolo a Milano. Director: Vittorio De Sica. Guión: Cesare Zavattini, Vittorio De Sica, Suso Cecchi d’Amico, Mario Chiari, Adolfo Franci. Fotografía: G.R.Aldo. Música: Alessandro Cicognini. Reparto: Emma Gramatica, Francesco Golisano, Paolo Stoppa, Guglielmo Barnabò, Brunella Bovo, Alba Arnova, Anna Carena. Productora: PDS/ENIC.


Película algo distinta a las otras dos de la trilogia neorrealista de De Sica en tanto a que se relata como si de un cuento se tratase, una alegoría fantástica sobre la pobreza y la injusticia social, lo que en mi opinión le resta dramatismo al ser quizás la menos realista. Lo que intento decir se aprecia brevemente en la especie de moraleja que la acompaña, y que deja una sensación de fantasía: <<C’era una volta…[ ]…verso un regno dove buongiorno vuol dire veramente buongiorno>> (Érase una vez en un reino donde buenos días significa realmente buenos días).

Un joven huérfano carismático y bondadoso, Totó, vive en un barrio de chabolas a las afueras de Milán junto con otros pobres. Allí intentan todos vivir como pueden, cada uno aportando lo que tiene en mayor o menor medida, hasta que un día se descubre que el terreno contiene petróleo y el magnate dueño del mismo, el Señor Mobbi, intenta echarlos a todos para su explotación. En esas circunstancias se obrará el fantástico milagro y los pobres intentarán ganarle la partida al ricachón.

La sociedad creada por Vittorio De Sica en el barrio de chabolas, refleja un estereotipo de la Italia del momento en cada uno de los fabulosos personajes del lugar, así tenemos al avaricioso, al generoso, al desafortunado, al agradecido… Un sin fin de personalidades perfectamente plasmadas por actores no profesionales como va siendo habitual en el subgénero.

Otro aspecto que vemos en este film en mayor medida que en las otras dos cintas neorrealistas, es su aspecto cómico, con mayores pizcas de buen humor como por ejemplo, el entrañable “timbre” de la chabola de Eduvige, la amada de Totó, que no es otro que su propio hijo atado a una cuerda de la que se tira desde fuera de la casa y éste grita “¡Hay gente!”.

Todo esto la convierte en quizás la más conmovedora de las tres, pero es un sentimiento más blando por así decirlo, no tan dramático. También posee la BSO más potente de la trilogía, un aspecto que refuerza con alguna que otra canción original interpretada por los actores.

Muchos tachan al final como “demasiado pretencioso”, quizás sea así pero yo lo veo como un final ya anunciado por el trascurso de la última media hora, más risueña que la trama en general y con más optimismo que crudeza. Ganadora de una Palma de oro, entre otros premios.

| Rafa Fleming★★★ |

Deja un comentario.

Tu dirección de correo no será publicada.

*



footer