Mulholland Drive | Club Silencio

Fotogramas Dorados V

Un escenario, telón abierto y cortinas de fondo, la cantante frente a un micrófono, una canción que nos transporta a ese mundo sensorial que tanto busca Lynch, oscuridad entre el emocionado público… lo que describimos es una de las escenas que más se repiten a lo largo de la filmografía del director estadounidense; y, en este caso, también constituye la quinta entrega de Fotogramas Dorados.

Como decimos, David Lynch suele utilizar este tipo de tomas como punto de inflexión en sus películas, siempre que aparece el escenario descrito significa que algo va a ocurrir en la historia que se viene desarrollando, y en Mulholland Drive da buena muestra de ello.

Rita, una de las protagonistas (Laura Elena Harring) está en la cama, hablando en sueños. Podemos escuchar: “Silencio… No hay banda… Silencio… No hay orquesta… Silencio…“. Sobresaltada, su compañera Betty (Naomi Watts) se despierta, y pregunta qué ocurre. Rita le dice que la acompañe a un lugar, ahora, a las dos de la mañana. Se dirigen al Club Silencio.

A continuación, vemos como ambas llegan al lugar en taxi. Nosotros las acompañamos atravesando un sucio callejón por medio de una cámara que avanza rápidamente con una levitación agitada y nerviosa. Ya estamos dentro y nos acomodamos en las butacas rojas que llenan la majestuosa y silenciosa sala. El presentador nos recibe con las mismas palabras que dijo en sueños la protagonista, a la vez que nos demuestra como todo lo que a continuación oiremos está grabado, el espectáculo no será en directo.

silencio

Un humo azul, acompañado de destellos de luz del mismo color, limpia en escenario. Entra en escena la ‘Llorona de Los Ángeles’ que interpretará una canción que nos transportará a ese mundo sensorial lynchiano (estos minutos son para mi uno de los momentos más emocionantes que he visto en el cine). En mitad de la actuación, la cantante se desmaya, pero la canción sigue sonando ya que todo, como anunciábamos, está grabado para que el espectáculo pueda continuar.

La Llorona nos ha anunciado algo. Nos ha transmitido el dolor que sigue al amor. El mismo dolor que deja un sueño perseguido que se desvanece, esa ilusión que nuestra protagonista buscó en Hollywood y su industria cinematográfica, que se nutre de utilizar a los actores como títeres que explota y deshecha de forma mecánica. Una factoría de humo e ilusión que Lynch desmonta en Mulholland Drive.

Finalmente, Rita, extrañada y entre lágrimas, busca algo en su bolso, hallando una caja azul con un orificio donde encaja una llave, también azul al igual que el humo, la luz, y muchos otros objetos que encontramos el en metraje. Y será este azul el que continúe desengranando el film…

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