Trilogía Neorrealista (Vittorio De Sica)

Especial

Vittorio Domenico Stanislao Gaetano Sorano De Sica, conocido como Vittorio De Sica, fue un director y actor italiano, que destacó sobretodo por sus películas neorrealistas de la Italia de los años 40, etapa que culminó con la trilogía compuesta por ‘Ladrón de Bicicletas‘ (1948), ‘Milagro en Milán‘ (1951) y ‘Umberto D.‘ (1952).

En esta entrada comentaremos estas tres películas, intentando explicar el significado e impacto que alcanzaron, y el por qué están consideradas las obras maestras del neorrealismo italiano, y que por ello no están exentas de controversia, dato revelador e introductorio por ejemplo, fue el fenómeno que se dio en el público italiano de la época que pedía a la salida de estas películas la devolución del dinero, mientras que en ciudades como París se mantenían meses y meses en cartelera, cosechando un gran éxito.

Durante los años 30 el cine italiano había tenido destellos en materia realista, pero fue en 1943 cuando se inició este movimiento con el estreno de ‘Obsesión‘ de Luchino Visconti. Sin embargo, no fue hasta 1945 cuando las bases conceptuales se asentaron y maduró este subgénero, tomando por primera vez su forma definitiva con ‘Roma, ciudad abierta‘ de Roberto Rossellini.

El principal objetivo de esta corriente neorrealista era captar la realidad del modo más auténtico posible. Para ello, se rodaba en localizaciones originales y se utilizaban actores no profesionales. Al renunciar a mostrar una historia espectacular, De Sica logró abrir los ojos del público a un espectáculo totalmente distinto: la realidad.

‘Ladrón de bicicletas’ (1948)

Ladrón de bicicletas

Italia, 1948. Título original: Ladri di biciclette. Director: Vittorio De Sica. Guión: Cesare Zavattini, Vittorio De Sica, Suso Cecchi d’Amico (Novela: Luigi Bartolini). Fotografía: Carlo Montuori. Música: Alessandro Cicognini. Reparto: Lamberto Maggiorani, Enzo Staiola, Lianella Carell, Gino Saltamerenda, Giulio Chiari, Vittorio Antonucci. Productora: PDS.


Una de las películas más taquilleras y de mayor éxito del neorrealismo italiano. Supone el inicio de la trilogía que tratamos, y aparece después de ‘El Limpiabotas’ (1946) en la filmografía de Vittorio De Sica, uno de los films más importantes y la primera muestra realista del director italiano.

En la Roma de la posguerra, Antonio Ricci lleva dos años en busca de trabajo, un valor escaso en la época. Un día lo encuentra como fijador de carteles, pero hay una condición: debe presentarse a por el puesto con una bicicleta. Éste la había empeñado meses antes para conseguir dinero, y ahora se ve obligado a renunciar a las sábanas de su casa, las cuales vende, para recuperarla. En su primer día de trabajo, un ladrón le roba su preciada bicicleta, Antonio intentará encontrarla a lo largo de toda la película, acompañado de su hijo Bruno.

Algunos apuntan al personaje de Bruno, interpretado por Enzo Staiola, como uno de los niños más emblemáticos y emotivos de la historia del cine. Este éxito alcanzado, le llevó tres años más tarde a interpretar un papel en ‘Atrapados’ de Joshep Newman, pero nada parecido a lo que hizo con Ladri di biciclette. Fue sin duda el papel que pasó a los anales del cine con esta película.

Otro de los pilares básicos de esta película y del movimiento neorrealista en general, fue el guionista Cesare Zavattini, cuya máxima dentro de este tipo de cine era mostrar la vida cotidiana a través de una especie de exageración poética, implicando al espectador en la historia del film mediante la empatía y la emoción. Su estrecha relación con De Sica le llevó a participar en numerosas películas del director, incluidas las tres que comentamos en esta entrada. En ‘Ladrón de bicicletas’ se encargó de adaptar a la gran pantalla la novela homónima escrita por Luigi Bartolini tres años antes.

Una cuidada fotografía en blanco y negro de estilo casi documental, la BSO que acompaña en todo momento a la historia y su crudeza lograda con la máxima sencillez, la convierten en un emblema del cine italiano y en película referencia en la filmografía del siglo XX. Ganó el Oscar a la Mejor película extranjera y recibió otra nominación a Mejor Guión.

‘Milagro en Milán’ (1951)

Milagro en Milán

Italia, 1951. Título original: Miracolo a Milano. Director: Vittorio De Sica. Guión: Cesare Zavattini, Vittorio De Sica, Suso Cecchi d’Amico, Mario Chiari, Adolfo Franci. Fotografía: G.R.Aldo. Música: Alessandro Cicognini. Reparto: Emma Gramatica, Francesco Golisano, Paolo Stoppa, Guglielmo Barnabò, Brunella Bovo, Alba Arnova, Anna Carena. Productora: PDS/ENIC.


Película algo distinta a las otras dos en tanto a que se relata como si de un cuento se tratase, una alegoría fantástica sobre la pobreza y la injusticia social, lo que en mi opinión le resta dramatismo al ser quizás la menos realista. Lo que intento decir se aprecia brevemente en la especie de moraleja que la acompaña, y que deja una sensación de fantasía: <<C’era una volta…[ ]…verso un regno dove buongiorno vuol dire veramente buongiorno>> (Érase una vez en un reino donde buenos días significa realmente buenos días).

Un joven huérfano carismático y bondadoso, Totó, vive en un barrio de chabolas a las afueras de Milán junto con otros pobres. Allí intentan todos vivir como pueden, cada uno aportando lo que tiene en mayor o menor medida, hasta que un día se descubre que el terreno contiene petróleo y el magnate dueño del mismo, el Señor Mobbi, intenta echarlos a todos para su explotación. En esas circunstancias se obrará el fantástico milagro y los pobres intentarán ganarle la partida al ricachón.

La sociedad creada por Vittorio De Sica en el barrio de chabolas, refleja un estereotipo de la Italia del momento en cada uno de los fabulosos personajes del lugar, así tenemos al avaricioso, al generoso, al desafortunado, al agradecido… Un sin fin de personalidades perfectamente plasmadas por actores no profesionales como va siendo habitual en el subgénero.

Otro aspecto que vemos en este film en mayor medida que en las otras dos cintas, es su aspecto cómico, con mayores pizcas de buen humor como por ejemplo, el entrañable “timbre” de la chabola de Eduvige, la amada de Totó, que no es otro que su propio hijo atado a una cuerda de la que se tira desde fuera de la casa y éste grita “¡Hay gente!”.

Todo esto la convierte en quizás la más conmovedora de las tres, pero es un sentimiento más blando por así decirlo, no tan dramático. También posee la BSO más potente de la trilogía, un aspecto que refuerza con alguna que otra canción original interpretada por los actores.

Muchos tachan al final como “demasiado pretencioso”, quizás sea así pero yo lo veo como un final ya anunciado por el trascurso de la última media hora, más risueña que la trama en general y con más optimismo que crudeza. Ganadora de una Palma de oro, entre otros premios.

‘Umberto D.’ (1952)

Umberto D 01

Italia, 1952. Título original: Umberto D. Director: Vittorio De Sica. Guión: Cesare Zavattini, Vittorio De Sica. Fotografía: G.R.Aldo . Música: Alessandro Cicognini. Reparto: Carlo Battisti, Maria Pia Casillo, Lina Gennari, Memmo Carotenuto, Alberto Albani Barbieri. Productora: Rizzoli Film.


La tercera y última de esta trilogía neorrealista de Vittorio De Sica. Algunos apuntan a ella como la mejor y más dura de las tres, aunque lo que si fue seguro es la que peor acogida tuvo por parte del público italiano, quizás hartos del pesimismo de la época ya que no se vivía precisamente ‘tranquilo’ en Italia como para ir al cine a pasar ‘un mal rato’, se buscaba más la risa y dejar por unos momentos las preocupaciones a un lado.

Umberto Doménico Ferrari, Umberto D., es un jubilado que intenta sobrevivir con la mísera pensión que recibe del Estado, y malvendiendo sus propias posesiones y pertenencias. Se aloja en una pensión cuya dueña intenta deshacerse de él para sacarle un mayor rendimiento económico a su habitación. Para ello le pone todas las dificultades posibles, las cuales tendrá que superar Don Umberto, cada vez más cansado de vivir así. La única compañía que posee es la inestable amistad de una joven criada de la casera, María, y de su inseparable y entrañable compañero Flike, un perro con el que superará todo tipo de situaciones.

Con este film, De Sica plantea la deshumanización que sufre la sociedad italiana de la época, la desesperación e impotencia de Umberto al ver que allá donde va estorba, una situación que sumerge al espectador en un conjunto de emociones empáticas, que llegan hasta la situación social actual, que no se diferencia ni se sitúa a mucha distancia de la planteada en el metraje.

Una de las escenas que pasaron a la historia, es esa en la que Don Umberto no es capaz de pedir limosna para poder subsistir, y ante varios intentos decide que sea Flike quién, de una forma más amable y sobretodo menos culpable, la pida a los transeúntes del Panteón de Roma.

Umberto D 02

Dedicada al verdadero Umberto, el padre de De Sica, que vivió una situación parecida. Es una obra cargada de sensibilidad, similar a una poesía humana y emotiva a la hora de sentir la tristeza de Carlo Battisti, un profesor de filosofía que interpretó este papel ante la gran pantalla y no volvió a ejercer de actor nunca más. En el recuerdo quedará con solo una actuación.

Después de esta película que puso punto y final a su etapa más realista, su gran trilogía, Vittorio De Sica rodó films menos comprometidos y más de lo que venía demandando el público contemporáneo, en las que siguió demostrando el gran director que fue.

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